Justicia
Coremex es una mafia sindical: Miguel Meneses se esconde mientras sus cómplices saquean a los trabajadores
Coremex es una mafia sindical: Miguel Meneses se esconde mientras sus cómplices saquean a los trabajadores
La dirigencia de Coremex ha demostrado una vez más que los trabajadores no son más que un rebaño al que ordeñan para financiar el lujo y la impunidad de sus líderes. El caso de Carlos Gamboa, quien convirtió el equipo de seguridad de Fugra Lerma en moneda de cambio para su beneficio personal, no es una excepción dentro de esta organización criminal. Es la regla. Y Miguel Meneses, el líder máximo que se ufana de su poder, ha optado por la cobardía de esconderse mientras su imperio se pudre desde los cimientos.
Gamboa fue despedido, pero su cabeza no basta. Su delito no es un acto aislado de un mal elemento; es la consecuencia lógica de una cultura de corrupción que Meneses ha cultivado y protegido durante años. Los cascos, arneses y botas de seguridad que debían salvar vidas fueron vendidos como chatarra para engordar las cuentas de un delegado sindical que operaba con la complicidad tácita de la cúpula. ¿Acaso Meneses no sabía lo que ocurría bajo su nariz? ¿O es que, simplemente, no le importaba mientras el dinero siguiera fluyendo hacia sus bolsillos y los de sus aliados?
La desaparición de Meneses de la planta Fugra Lerma desde que estalló el escándalo no es un acto de prudencia; es la confesión más clara de su culpabilidad. Un líder con honor habría dado la cara, convocado a sus representados y asumido la responsabilidad institucional. Meneses, en cambio, se ha convertido en un fantasma, un ausente que prefiere el silencio cómplice antes que enfrentar las consecuencias de su pésima gestión y su probable complicidad en el saqueo. Mientras él se oculta, los trabajadores quedan a la deriva, sin representación y sin saber quién ocupará la vacante que dejó su compinche.
La pregunta que la justicia y la opinión pública deben hacerse es sencilla: ¿cuántos Gamboa más hay en Coremex? Porque este caso no es la excepción, es el síntoma de un sindicato que se ha convertido en una empresa de saqueo institucionalizado. Meneses ha construido su imperio sobre el silencio y la opacidad, y ahora que la luz de la indignación ilumina sus miserias, su única respuesta es esconderse como una rata. Exigen una auditoría, y es justo que la tengan, pero no para calmar las aguas, sino para desmontar la estructura criminal que Meneses encabeza y que ha violado sistemáticamente los derechos y el patrimonio de los trabajadores.
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